sábado, 29 de junio de 2013

SOBRE LA UNIVERSIDAD... III

La Universidad deforma sus objetivos y hasta la misma razón de su existencia en la reiteración de algunos errores: la vinculación a un sentido estrecho de lo político, por ejemplo; o la identificación demasiado cercana a la avidez industrial. El reto de las universidades, hoy, es definir rumbos nuevos que disientan de dos inercias: una, la de un revolucionarismo torpe, ritualizador de envejecidas contraseñas políticas; la otra, tal vez deformada respuesta a lo anterior, es la inercia del cientificismo: limitada letanía de catecismos tecnocráticos. (Analogizar universidades con institutos de investigación tecnológica puede ser, a fin de cuentas, tan aberrante como destinarlas a ser fábricas de guerrilleros o depósitos de políticos).
Para mantenerse vivos, los sueños dependen de su cercanía a lo real. El viejo sueño universitario de una comunidad humana entregada a la libertad creadora de la inteligencia y la búsqueda vivificante del conocimiento, termina dramáticamente en el momento en que esa comunidad deja de estar a la altura de su sueño. El ideal desaparece, muere, porque se ha dejado de merecerlo.

jueves, 27 de junio de 2013

SOBRE LA UNIVERSIDAD... II


Desde su nacimiento, las universidades tuvieron clara conciencia de su designio: ser formadoras de individualidades. La universidad simbolizaba el mérito de la inteligencia; intelecto como fuerza y herramienta de poder. El espacio universitario supone el encuentro de maestros y discípulos: unos guían y otros aprenden y obedecen. La dignidad del maestro reposa en su sabiduría. El saber se apoya en la inteligencia y en la experiencia. Ambas, afirman el "derecho" natural del sabio: su autoritas. La autoritas académica es la fuerza del prestigio, la potestad del hombre que conoce, que ha visto, que ha vivido; del hombre que sabe.

miércoles, 26 de junio de 2013

SOBRE LA UNIVERSIDAD... I

Existen grupos humanos que se avienen mal con la obediencia ciega, con la falta de cuestionamientos; grupos que no aceptan ser uniformados; que, sobre todo, obedecen a sus intuiciones, a sus convicciones, a sus sueños; grupos de individuos que, por sobre cualquier otra cosa, se apoyan en su libertad. Pienso, por ejemplo, en esos grupos que han sido mis interlocutores por muchos años: los jóvenes universitarios.
Los fanatismos, la obediencia irracional, la ausencia de crítica pertenecen a universos ajenos a la universidad: espacios que, generalmente, sustentan sus principios y valores sobre la supresión de cualquier forma de individualismo. El mundo castrense, por ejemplo, saturado de uniformes y uniformidades, de estandartes e himnos, de obediencias y consignas, acostumbra imponer la razón y los argumentos de algún particular “superior” sobre muchos “inferiores” como la única razón y el único argumento posible. Iniciativa que no es exclusiva sólo del mundo militar:  se repite en todos aquellos espacios empeñados en reducir la individual complejidad humana al tamaño de un lema, un proyecto, un código, una obediencia o un símbolo.
El individualismo juvenil de los estudiantes universitarios suele colocar a éstos al margen de muchos referentes que frecuentemente no aceptan ni acatan. ¿Su respuesta? Aferrarse a sus propios espacios, a sus valoraciones, a la fuerza de su particular rebeldía. Rebeldía: acaso una forma de orientación necesaria para ese joven que está aprendiendo a creer en sí mismo, en eso que es y en eso que hace. Si posee la lucidez suficiente para superar ciertas limitaciones y apartarse de algunas torpezas, su rebelión bien pudiera darle fuerzas en la construcción de su propio camino, un significado para su rumbo. Rebelarse puede, de hecho, expresar un gesto de honestidad de un individuo consigo mismo y con cuanto le concierne.
Una cotidiana forma de rebelión: ir en contra de la corriente, acudir al encuentro de nuestra autonomía, perseguir nuestra  independencia... La rebeldía –o la resistencia: también ese nombre le cuadra a ese sentimiento de apoyo a una soberanía que sólo a nosotros incumbe- en modo alguno está relacionada sólo con el resentimiento, la amargura o el nihilismo. Puede tener que ver con algo mucho más sencillo y honesto: la aceptación de eso que somos y que no podríamos dejar de ser.

El tiempo universitario existe para permitir a quien lo vive adecuadamente esfuerzos, ideales, sueños, propósitos. Ningún gobierno, ningún Estado, ningún gobernante debería tener la potestad de imponer a los estudiantes irrestrictas obediencias. Eso –repito- pertenece a otros espacios, nunca al universitario. Los principios y valores que rigen la realidad de la Universidad se relacionan con curiosidad, con ideales, con principios, con valores, con sueños… Cosas, todas ellas, que jamás podrían ser sometidas al arbitrio de una voluntad ni al designio de dogmas o ideologías.

viernes, 21 de junio de 2013

EN ALGUNOS LUGARES...

En algunos lugares, que muchos llamarían inusuales, cifro respuestas que hagan menos graves tanta anécdota áspera y tanta tediosa rutina.
Sorteo demasiado personaje inverosímil, demasiado rostro imperceptible.
Adorno eventos cuyos reflejos me orientan.
Construyo símbolos que me hagan entender.

A través de ciertos actos me propongo ir escribiendo, poco a poco, un destino.

miércoles, 19 de junio de 2013

CREENCIAS

Me asomo a ciertos abismos solo para admirar su tenebrosa inmensidad.
Creo en un porvenir con forma de signo de interrogación.

El temor al albur no me apartará de ciertos propósitos: me reforzará junto a ellos.

martes, 18 de junio de 2013

VERSIONES QUE NO QUIERO NOMBRAR EN VOZ MUY ALTA...

Versiones que no quiero nombrar en voz muy alta me llevan a escribir.
Lo que no puedo verbalizar a través de la razón lo escribo con voces que se buscan a sí mismas y se reencuentran en el necesario cariz de sus entonaciones.

domingo, 16 de junio de 2013

RECUERDO UN CUENTO DE KAFKA...




“Un creador no es un ser que trabaja por el placer. Un creador no hace más que aquello de lo que tiene absolutamente necesidad”. G. Deleuze


Recuerdo un cuento de Kafka: “El artista del hambre”. En él un artista se fuerza a un indefinido ayuno animado por una sola razón: aborrecer la comida. Los artistas son como esa metáfora kafkiana: seres forzados a hacer lo que hacen, y su arte revela su imposibilidad de hacer nada más.